«Me llaman monstruo», susurré, apretando el velo contra mi rostro, como si la tela pudiera borrar una mancha de nacimiento. En el altar escuché la lástima—«Pobre novio ciego». Yo me lo creí… hasta la noche de bodas. En la oscuridad, él me levantó la barbilla con suavidad. —Mírame —dijo en voz baja—.
Me llaman monstruo —susurré, apretando el velo contra mi mejilla izquierda, como si la tela pudiera borrar la mancha de nacimiento que me cruzaba del […]